LAS CORRIDAS DE TOROS NO SON TRADICION NI CULTURA

Publicado en el Periodico "Gente" el 23/02/2003, Pág 11

En el periódico “La Razón” de fecha 16/02/2003, en páginas centrales de la Revista “Escape” se publica un artículo titulado “Corrida de Toros Sin Furia Ni Sangre”, en el que se alude varios conceptos referidos a la tradición cultural, la religiosidad y una confrontación en igualdad de condiciones de los toros con los toreros. En la iniciación indica que “La Fiesta taurina, en la celebración de la Virgen de la Candelaria, del pueblo de Copacabana, podría ser del agrado del más recalcitrante protector de los animales, porque si hay alguien que no sufre daño alguno, en esta corrida, es sin duda, el toro”

Al respecto la Sociedad Protectora de Animales y su Medio Ambiente (SOPRAMA), institución que postula la filosofía de respeto a la vida en general, hace las siguientes precisiones.

1.  Amparados en el artículo 10 de la Declaración Universal de los Derechos del Animal, proclamada el 15 de octubre de 1977 y aprobada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU y UNESCO), textualmente indica en sus dos incisos  a) y b) que “ningún animal debe ser explotado para el esparcimiento del hombre” y “las exhibiciones de los animales y los espectáculos que se sirvan de los animales son incompatibles con la dignidad del animal”. En ese contexto SOPRAMA considera a las corridas de toros como un espectáculo degradante que es una oposición a la existencia de los mismos animales y atenta contra su propia dignidad.

2.     La defensa de los animales es intransigente, en cuanto, la fiesta taurina como la denominan, es definitivamente una mala utilización de los toros en un espectáculo circense que provoca la mofa o burla de quienes participan de ella como protagonistas centrales, en este caso los toreros, y los que asisten en calidad de espectadores.

3.      La tradición cultural no coincide con una confrontación desigual y es un morbo de la barbarie, pues solo se dispone y obliga a los toros a participar en un ruedo para provocar idas y venidas. Se provoca el enfurecimiento del animal por la agresión de los toreros que desafían a que se muevan a su antojo; los gritos enardecidos los estresan y aumentan la generación de adrenalina para pasar y repasar ante las piruetas de los ocasionales bufones. Muchas tradiciones han quedado en el olvido por los niveles de civilización alcanzados por el hombre y las sociedades. Tradiciones como estas solo perpetúan atrocidades.

4.     Si bien las corridas de toros fueron impuestas como práctica deportiva durante el periodo histórico de la Colonia, no corresponden al legajo cultural y la propia tradición de los grupos étnicos. Estos grupos utilizaban a llamas y alpacas para el laboreo agrícola y no para el deporte. Una vez traídos los toros y vacas sustituyeron a los auquénidos en la roturación de la tierra, pero, los denominados colonizadores fueron quienes instauraron las corridas de toros como una tradición ibérica que deviene de una época de mayor oscurantismo de la humanidad y, particularmente de España, en los siglos XV y XVI de la inquisición, cuando afloraban ya en el fuero hispano los instintos primitivos del mundo africano inoculados quizá durante los ocho siglos de dominación mora y, es precisamente, la región de Andalucía tan preferida por los moros, donde se injerta con mayor fuerza la furia del arraigo de esta fiesta.

5.     Las mezclas culturales representan básicamente la conjunción de los mejores aportes de quienes participan en ellas y, en ese sentido, las corridas de toros, son una práctica de agresión.

6.     La religiosidad propone siempre el ejercicio del bien; no se comprende, entonces, que las vírgenes y los santos y, Dios en particular, justifiquen la fiesta taurina. Si se predica el bien, no hay razonamiento que nos obligue a comprender cómo los íconos religiosos acepten este desatino.

7.      Finalmente, no hay confrontación en igualdad de condiciones. El torero provoca el enfrentamiento con el animal. Lo desafía, lo incita a reaccionar, genera en él respuestas propias de su instinto de conservación. ¿Acaso se le pregunta al animal?, ¿Acaso no es el torero quien es aplaudido y los movimientos del toro provocan la hilaridad y festejo colectivos?.

La Sociedad Protectora de  Animales y su Medio Ambiente (SOPRAMA) continuará con su defensa intransigente y sin claudicar porque esta fiesta taurina ya ha sido prohibida por el Municipio de la Paz mediante Ordenanza Municipal, en actual vigencia,. instrumento legal que debiera ser imitado por otras Alcaldías en beneficio de todos los que respetan la vida.

La institución agradece la difusión de su posición respecto a la publicación de referencia.