SANGRE DE LLAMA EN EL RITUAL DE OFRENDA A LA TIERRA

                                     Por: Anakarlem Mercado Zeballos, Saúl Alejandro Maldonado Pérez

En los rituales andinos, el uso de animales, de distinta especie, se ha generalizado por una dinámica social en la que se adecuan o adaptan necesidades sociales de los tiempos modernos.

Originariamente, la estrecha relación “hombre-naturaleza", determinó una identidad inseparable;  es decir, un respeto hacia el contexto de reproducción de vida que generó un culto esencial hacia la fertilidad.

Así, se articularon dos épocas que están explicadas  por las categorías conceptuales o definiciones de  la economía política: Producción, distribución, circulación y consumo.

Por la población andina fueron sintetizadas en dos épocas, la femenina referida a la circulación y consumo y la masculina referida a la producción y distribución del trabajo.

Hay que anotar con precisión que, las cuatro definiciones no son rígidas en este marco conceptual, sino que, son movibles y dinámicas y que se entremezclan en ambas épocas andinas o tiempos andinos.

La época masculina es la seca que comienza  de carnavales, cuando se efectúa, teóricamente, la última recolección de productos.  Corresponde una serie de rituales de marcación,  esquila y apareamiento de ganado. Asimismo, rituales hacia la tierra  o denominada, en toda el área andina,  pachamama (idiomas aymara-quechua).

Al roturar o trabajar la tierra para que sea apta y reciba la semilla, median ceremonias de culto ancestral o muy antiguas. Se ofrendan rituales con la sangre de la llama,  auquénido sagrado que fue respetado como un símbolo cósmico.

Para entender la anterior aseveración: Si se observa el firmamento y se ubica la Constelación de la Cruz del Sur, se encontraría la “Constelación de la Llama” que habría recibido el nombre de Gamo y en algunos lugares de los Andes, se denomina Wari . (Fuente Carlos Oliva Villena, “Génesis De la Cultura Andina”)

Ahora bien, la época seca y a la vez fría comienza en marzo y se prolonga hasta el mes de septiembre. Tiene en el mes de agosto un ritual especial con determinada música y actividades agrícolas y pecuarias muy bien definidas.

 En agosto  se realizan “wajtas” o “waxtas” que son ofrendas a la tierra para iniciar la siembra.  Todos los días del mes son considerados momentos propicios para ofrendar llamas u ovejas y así  “satisfacer el hambre de la tierra”.

La música que acompaña a este ritual es extraída de instrumentos aereófonos o de insuflación que son flautas de pan o llamadas “Zampoñas” de sonido grave que están íntimamente relacionadas con la sequedad y lo masculino.

Y en cuanto a las actividades agrícolas, agosto es el mes de la siembra temprana de papa (patata) y quinua, alimentos que serán las principales reservas  hasta la gran cosecha de carnavales y finalización de la época húmeda o femenina.

En cuanto a la utilización de otros animales, corresponde, como se afirmó, a una dinámina de aparición de nuevos elementos en los rituales. Las adversidades personales, las endemias sociales de marginalidad traducidas en falta de oportunidades y exclusión social, se mezclan nuevamente como “incorporaciones” a un ritual de data antigua. Se asocia, por ejemplo, a las maldiciones con el color negro u otros de tonalidad lúgubre. Entonces se usa para “el cambio de suerte”, conejos de color negro.

Esa utilidad para cambiar las maldiciones y cambiar la suerte, corresponde a una reiterada dinámica de inserción de nuevos elementos que no son originarios, sino que  son exigidos por los nuevos contextos sociales y de las llamadas sociedades animistas o que creen todo tiene ánimo, esencia o alma.

La sangre de las llamas u ovejas expresada en las “wajtas” o actividades también denominadas “challas”, es utilizada para verter a la tierra, como un símbolo de protección porque  “supone el fortalecimiento de lazos de parentesco sanguíneo y continuidad de ritual”.  Implica una integración  de la colectividad o comunidad, mediante relaciones sociales de reciprocidad o complementariedad.

La música la danza, las cofradías, la ingestión de bebidas alcohólicas, son en esencia, representaciones del ritual que utiliza animales y son también, alegorías a los dioses antiguos.

Es así que este tema complejo implica comprender todo un entramado de símbolos, en los cuales los personajes míticos y antiguos  están presentes, de acuerdo a la concepción andina, en los cerros y montañas, denominados machulas y achachilas, que en su debido tiempo habrían  sido autoridades supremas y a quienes también se les invoca cuando se ofrenda sangre de llama a la tierra.